Corpore Sano In Mens Sana

Mi amigo Jesús Carmona ha tenido la idea de invitarme a participar en una mesa redonda sobre los coros escolares. Yo, que soy un inconsciente, he dicho que sí y me veo ahora obligado a recoger mis pensamientos y opiniones sobre esa cuestión, ordenarlos, darlos forma para poder exponerlos en público.  Mis compañeros de mesa, Mariasun Arenado, Esteban Sanz Vélez, José Manuel Rioz y el mismo Jesús, tienen una experiencia en los coros escolares que supera ampliamente a la que yo puedo aportar. Si se ha pensado en mi, quizá sea por eso que yo llamo mi naturaleza anfibia.

Es esta una metáfora de mi pasión por los dos aspectos, en teoría opuestos, que se han erigido como pilares de mis intereses intelectuales. Por una parte, tengo una formación científica, peor aún, matemática, que ha vertebrado mi forma de pensar y me ha enseñado la importancia del rigor y del sentido crítico, de no dar nada por sentado y de examinar cada idea en sus multiples facetas. Pero siempre he sido un diletante, quizá como forma de dar salida a mi temperamento artístico que nunca se encauzó en mis años de estudiante. Esa es mi doble vida anfibia.

En lo profesional, esto ha dado lugar a que me sintiera ciertamente incómodo siendo “sólo” profesor de matemáticas, máxime siendo como son en este pais. El diseño del currículo pretende fijar los contenidos por edad, sin dejar casi ninguna flexiblidad a los centros y a los profesionales que deben impartirlos. Existe un acuerdo muy generalizado entre los profesionales en que este currículo hace un excesivo hincapié en lo abstracto, convirtiendo la materia en inasequible intelectualmente para una parte importante del alumnado y en un ejercicio estéril para casi todos. Esto es especialmente grave para los alumnos que presentan dificultades de aprendizaje sean las causas de origen intelectual, social o de otra índole. Si echáis un vistazo al currículo de la asignatura de música, podéis quedar también estupefactos. Es simplemente irreal por denso y complejo.

Hace unos años, por una pequeña carambola administrativa, acabé en el departamento de Orientación del IES Santa Cruz donde sigo trabajando ahora. No fue por “vocación”, quede claro. Allí me encontré tratando mayoritariamente con unas tipologías muy concretas de alumnado: Alumnos con dificultades escolares, en situación de desventaja social y cultural, en peligro de exclusión escolar primero y social después. El conocimiento de estas realidades en mi práctica profesional me ha demostrado que el planteamiento llamado compresivo de todas las leyes educativas desde la LOGSE es poco eficaz o, cuando menos, mejorable. Sobre todo porque en muchas ocasiones se contrapone a lo integrador. Muchas preguntas me he ido haciendo durante estos años ¿Tiene algún sentido que dos alumnos en el mismo aula tengan dos curriculos totalmente diferentes? ¿Es escolarmente lógico que el principal criterio de agrupación de los alumnos sea la edad? ¿Corresponden los curriculos efectivamente a la consecución de las competencias? ¿Y la evaluación las mide? ¿Tiene sentido la separación de los saberes en asignaturas estancas? ¿Se atienden de forma razonable las siete competencias? ¿No faltan o sobran?

Desde siempre, mi interés en la música me ha hecho estar en contacto con los compañeros de esta especialidad y colaborar en sus iniciativas. Eso me ha hecho ver las dificultades prácticas de llevar a cabo sus ideas. La primera la acabo de examinar ya: La exigencia de los curriculos escolares. La segunda, muy relacionada con la anterior, es la rigidez de la organización escolar: Los horarios son asfixiantes. Una tercera tiene que ver con la valoración social que esta disciplina tiene para la mayoría de las familias, que llegan incluso a fomentar practicas de objección: “Si el niño no quiere tocar la flauta que no la toque, pero las matemáticas…”. Afortunadamente, no se suele llegar a tanto.

Sin embargo los beneficios escolares de hacer música en grupo son enormes. Su contribución  afecta a casi todas las competencias reconocidas por el Curriculum de Cantabria, pero si debemos señalar un aspecto sobre los demás es su carácter integrador y cooperativo. Si además, le sumamos que el coste del equipo necesario para cantar es 0, estamos ante el proyecto ideal.

Repasemos estas Competencias claves y como un coro escolar puede promover su adquisición:

Competencia de expresión cultural y la Competencia aprender a aprender, son propias de esta actividad y no precisan mayor explicación.

Competencia lingüistica: en la medida en que el coralista recibe, interpreta y emite mensajes de diferente maturaluza y grado de conplejidad, desde instrucciones concretas hasta orientaciones sobre el sentido emocional o cultural de una pieza. 

Competencia matemática y científica por la compresión del mecanismo de funcionamiento del propio cuerpo y del sonido como fenómeno físico. La notación y los sonidos musicales tienen una clara fundamentación en las fracciones y la proporción, conceptos claramentes matemáticos.

Competencia digital por el uso que tanto las redes sociales como internet tienen para investigar las piezas que e van a interpretar como para compartir nuestros logros.

Competencia del Sentido de la Iniciativa y Espíritu Emprendedor por la posibilidad que tiene de que los coralistas asuman funciones dependiendo de sus diferentes capacidades y situaciones, aprendiendo a gestionarlas de forma autónoma. 

Conpetencias Sociales y Cívicas. Es quizá el punto fuerte de esta actividad. Un coro es la actividad cooperativa por excelencia donde todas la aportación de cada uno es imprescindible y el éxito es colectivo independientemente de la capacidad de cada uno. La ciencia ha demostrado que el canto coral produce bienestar físico tanto a corto (secreccion de endorfinas, cortisol estimulación del sistema inmune) como a largo plazo (hormona del crecimento, oxitocina, tonificación de los músculos abdominales, estimulación cerebral). Estos dos factores contribuyen sin duda a la autoestima del coralista. Las habilidades sociales son otras de las grandes beneficiadas en esta competencia, tanto a través del modelo que los adultos podemos proyectar en este contexto más relajado como de la convivencia entre iguales.
Además de todas estas aportaciones, podemos encontrar muchos otros aspectos que apoyan las iniciativas de canto coral. Uno de ellas es la posibilidad de participación de diferentes estamentos de la comunidad educativa acercándonos al concepto de comunidad de aprendizaje. Otro es la facilidad con que se aprenden en este contexto estrategias de control de la impulsividad. También lo es el éxito con que se encuentran las presentaciones públicas tiene algo de adictivo para aquellos alumnos cuya experiencia escolar es más bien frustrante. 

Actualmente, una actividad así está relegada a la categoría de extraescolar, con las dificultades y sobre todo limitaciones que ello supone, particularmente en las zonas de población más dispersa.

En estos tiempos de tanta preocupación por el bienestar de las nuevas generaciones parece mentira qur una actividad tan gratificante, positiva y útil se promueva tan poco por parte de las autoridades educativas y que no esté incardinado dentro de los programas y proyectos oficiales de los ministerios y consejerias del ramo. Si en nuestra región existe una escena coral escolar es por la dedicación desinteresada de profesionales como los que me acompañarán este próximo jueves nueve de noviembre y por la colaboración de algunos equipos directivos y claustros que hacen posible la existencia de espacios físicos y tiempos para ensayos, reuniones y actuaciones.

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