Obscuro Verdi

La ABAO dentro de su programa Tutto Verdi nos propone I Masnadieri, una de sus obras de galeras, esos años de camino hacia la madurez estilística que acaban con la llamada trilogía popular, Rigoletto, Traviata, Trovatore. De entre esas óperas, algunas han conseguido establecerse como hitos en el repertorio y otras casi no se representan. I Masnadieri, Los Bandoleros, es una de ellas.

Comparar la inspiración Verdiana del Macbeth, estrenada unos meses antes con el oficio de I Masnadieri puede resultar francamente injusto. De partida nos encontramos con un libreto muy poco eficaz, aunque su origen, la obra teatral de Schiller, Die Räuber, es señalada habitualmente como una referencia en el teatro europeo y en el posterior desarrollo del melodrama. Si a esto le añadimos una dramaturgia casi inexistente y unos decorados abstractos e indistintos, nos acercamos peligrosamente al aburrimiento.

Miguel Ángel Martínez comandó en esta ocasión a la ORTVE, que suena bastante bien, pero, quizá influido por la abulia escénica. lo hizo con muy poca energía. Solo nos queda para la diversión lo vocal….

Que tampoco fue muy excitante. Aquiles Machado en substitución de Constanzo tuvo una noche bastante problemática. Su emisión comenzó muy poco brillante, con pocos armónicos, pero según la velada avanzaba lejos de mejorar llegó en algunos momentos del tercer acto a romper la voz y la línea de canto. Un recurso que en óperas veristas podría encajar pero que aquí no tiene sentido estilístico ni dramático. Stoyanov, este sí en el reparto inicial, hizo un adecuado Moor, aunque quizá le falto algo de resonancia y, desde luego, teatro. En esa misma línea un tanto anodina estuvieron los papeles secundarios. Entre lo mejor Mila Kares en el papel del bajo, Massimiliano.

Dejo para el final a la soprano, otra de las importantes substituciones de última hora. Marta Torbidoni hizo de Amalia. Para mi sin duda la mejor de la noche. No solo tiene presencia escénica sino que canta con gusto y fraseo. Nos acercó a lo que es una ópera, esa magia en la que canto, escena, gesto, texto y música suman mucho más de lo que cada una de las partes aporta.

La función no contó con los entusiasmos del público bilbaíno. Al caer el telón la primera vez hubo hasta casi un silencio. Quizá la ABAO deba replantearse como satisfacer al público en un teatro como el Euskalduna. Es una sala inhóspita para las voces e impide la representación y no se acaban de aprovechar las ventajas que el escenario puede aportar. Atraer nuevos públicos con veladas como la presente es francamente imposible. Se necesita brillantez y novedad.

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