Helden

Una auténtica heroicidad es lo que la Asociación de Amigos de la Ópera de Asturias nos propone. Montar hoy en día un Anillo del Nibelungo es, posiblemente, lo más alto a lo que una temporada o festiva de ópera puede aspirar. Si además echamos un vistazo al presupuesto, más que heroicidad nos puede parecer un milagro. El curso pasado fueron 2’7 millones de euros, muy lejos de los casi 7 de la ABAO, con una programación muy similar: 5 títulos y 4 cuatro turnos de abono.

A la hora de valorar el resultado artístico no debemos nunca perder de vista estas cantidades. Es imprescindible ajustar nuestras expectativas: Muchos de los detalles de este Sigfrido son un compromiso entre lo que se quiere y lo que se puede pagar. La orquesta en el escenario envuelta en proyecciones de vídeo, la falta de decorado, el propio vestuario son soluciones juiciosas a los problemas económicos que plantea una obra de esta envergadura.

Posiblemente la elección de Maribel Ortega y Alicia Amo sean también parte de este compromiso. Entiendo que son sus primeras interpretaciones de sus respectivos roles, Brunhilde y el Pájaro. Pero han sido felices los resultados. Sobre todo en el caso de Alicia, la voz más celebrada en los mentideros operísticos ovetenses. Sorprende, quizá, lo adecuado que resultade siendo su especialidad la música antigua al frente de los excelentes Música Boscareccia. Maribel Ortega es una de las raras sopranos dramáticas españolas que puede afrontar un papel wagnerino de envergadura como pudimos comprobar en el Teatro Campoamor. Habrá que ver si su voz tiene la robustez necesaria para las otras Brunhildes. Sería una excelente noticia.

También entiendo que este es el primer Fafner de Andrea Mastroni. Sarastro y Sparafuccile son los papeles que ha cantado más y Rossini el autor que más ha frecuentado. Su tesitura fue la requerida para el papel y sonó francamente bien.

Johannes Chum fue Mime. Este es uno de los fijos del Tiroler Festspiele Erl, donde el anillo es uno de los platos fuertes de cada temporada. Allí ha interpretado varias veces Loge, pero también el rol titular de Lohengrin y varios papeles Mozartianos. No es una voz muy grata de timbre pero dio el papel e incluso hizo algún ademán de actuar. Zoltan Nagy cantó con bastante fortuna el papel de su hermano Alberich.

A partir de aquí, el reparto pierde calidad inevitablemente. El “viandante” de Béla Perenc tuvó una emisión poco brillante y algo confusa de afinación. Agnes Zwierko como Erda tuvo un feo vibrato. Y llegamos a Sigfrido.

Vekua ha cantado este papel con Gerghiev en varias ocasiones en la producción itinerante que el Marinsky ha llevado por todo el mundo. Es evidente que puede hacer el papel, pero esta vez ha sido con unos resultados poco brillantes. El sábado sonó muy desigual e incluso descuidado rayando en el grito en más ocasiones de las razonables. 

Para la parte instrumental se unieron dos orquestas asturianas, la OSPA y la Oviedo Filarmonía. Se agradece sin duda la iniciativa pero resultó insuficiente a pesar de los esfuerzos de su director, Guillermo García Calvo.

No obstante, lo menos bueno resultó sin duda la puesta en escena: dirección de actores casi nula y unas discretas proyecciones que no ayudan ni a entender la obra ni a distraer al no muy numeroso público ovetense.

No resultó una de esas funciones que hacen afición wagneriana, pero a pesar de las cinco horas en las inclementes butacas del Teatro Campoamor, la balanza se decanta hacia lo positivo

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