Operóctel

Leer a Vian puede ser un ejercicio estimulante o una pequeña tortura. Podemos analizar obsesivamente cada combinación de palabras para buscar metáforas elusivas o caer en la tentación de sopesar la traducción en busca de errores que quizá añadan aún más poesía a los aparentes cadáveres exquisitos que pueblan sus páginas. Pero lo mejor es dejarse llevar por su prosa onírica y encontrar cañones escondidos entre las flores como alguien dijo de la obra de Chopin o nenúfares malignos creciendo en pulmones como le pasa a la Chloé de La Espuma de los Dias.

De lo que no hay duda es del sentido trágico de sus historias, de una colorista negrura casi adolesente. El destino ineludible de los personales de esta obra pudo ser para Denisov uno motivos para tomarla como punto de partida para una ópera y nos pareció una brillantísima idea. Desde los primeros compases, evocadores de los años del charleston hasta la última escena con su coro de niñas ciegas, Denisov recorre un auténtico pantone de emociones y modos musicales.
Uno de los placeres de esta partura es observar como las muy numerosas citas surgen y desaparecen del discurso sonoro sin aparentes costuras en una suerte de transición pendular entre diferentes lenguajes musicales. Jazz, óperas de repertorio, vanguardias históricas y música ortodoxa rusa van y vienen, a veces dominando la superficie de la música y otras solo asomándose con coquetería.
No hace falta decir que Cambreling es un director ideal para esta empresa musical. Dirigió con autoridad una partitura compleja dotándola de fluidez y color. Habría sido imposible sin la excelencia de los profesores de la orquesta de la ópera de Sttutgart. Aunque más que orquesta, por la cantidad de solos, parecería que Denisov quiso un grupo de cámara gigante.
El libreto sigue con bastante fidelidad el original literario y en esta ocasión los responsables escénicos Wieler y Morabito no han visto la necesidad de “reencuadrar” ni de buscar metáforas. Simplemente han teatralizado de forma excelente la obra, con la complicidad de unos cantantes dispuestos a todo. Tan dispuestos y capaces que resultaría un buen espectáculo sin haber interpretado una nota de lo que Denisov escribió.
Pero esto es ópera señores míos, y como dijeron otros antes que yo, la ópera es más que la suma de sus partes. Y, de todas ellas, de la que no se puede prescindir es del canto. Aquí hubo mucho y bueno. Ninguna figura, estamos hablando de una compañía alemana, pero un nivel medio sobresaliente.

Colin: Ed Lyon, Le souris: Sébastien Dutrieux, Nicolas, Colin’s cook: Arnaud Richard, Chick, Colin’s friend: Daniel Kluge, Alise, Chick’s girlfriend: Sophie Marilley, Isis, a friend of Chloé: Nozuko Teto, The Priest / Pégase / Le sénéchal: Marcel Beekman, Chloé: Rebecca von Lipinski, Coriolan: Padraic Rowan, The Scaly Creature / Le pharmacien: Dirk Schmeding, Doctor Mangemanche: Roland Bracht, The director oft he plant: Karl-Friedrich Dürr, Jesus: Mark Munkittrick, La filette: Jeanne Seguin, Le chat: Manja Kuhl, With: Staatsopernchor Stuttgart, Kinderchor der Oper Stuttgart, Staatsorchester Stuttgart

Si tuviérsmos que destacar uno sobre el resto, el petulante criado de Colin, Arnaud Richard, fuera quizá la voz más bella, aunque Ed Lyon protagonista dio un auténtico recital y fue braveado con ganas por el respetable. Rebeca von Lipinsky como Cholé fue también muy aplaudida, con toda justicia, pero yo debo celebrar el aria de locura de Alise, Sophie Marilley,  un verdadero pezzo di bravura.

Mi primera Sttutgart Oper y seguro que no la última..por 18 € es una verdadera ganga!

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